diumenge, 8 de juliol del 2018

Quarta entrada. Entrevista a Felipe Benítez Reyes

Ja hem tingut l’oportunitat de llegir en aquest quadern de bitàcola entrevistes a Luis García Montero i a Aurora Luque. Aquesta entrada està dedicada a un altre poeta contemporani de molta importància, Felipe Benítez Reyes (Rota, Cadis, 1960). L’entrevista la va realitzar Begoña Curiel per a El Libro Durmiente el 26 d'octubre de 2016.
         Felipe Benítez Reyes és, com Luis García Montero, un poeta de l’experiència, és a dir, un poeta amb una voluntat clara i meditada de dialogar amb el lector sobre vivències, sentiments o pensaments que tots dos comparteixen, i amb un llenguatge sempre conversacional i intel·ligible, molt allunyat d’aquella poesia culturalista i hermètica que dominava el panorama poètic en llengua castellana abans que es publicaren els primers poemaris d’aquesta generació d’escriptors.


         Felipe Benítez Reyes, com Aurora Luque, és també traductor. Concretament, aquest intel·lectual ha traduït al castellà Prufrock i altres observacions (2000), de T. S. Eliot, i Poemes, de Vladimir Nabokov.



–Maneja diferentes géneros. ¿Se quedaría con alguno como predilecto o no quiere escoger?

-Bueno, ya he escogido. El hecho de practicar varios géneros implica una elección múltiple. Me cuesta trabajo imaginar a un escritor que decida escribir lo que no le gusta escribir.

–¿Tiene o tuvo maestros o existe el estilo propio Felipe Benítez Reyes?

Todo el mundo aspira a ser digno de tener maestros, claro está. El problema de las genealogías literarias es que cada cual fantasea con la suya, trazando un árbol que casi siempre es más prestigioso de la cuenta. En cuanto a ese supuesto estilo propio, no sabría qué decirle. En el estilo hay un cupo de voluntad, pero también un factor casual. No creo que ningún escritor sea del todo consciente de las características de su estilo, que tal vez responde más a intuiciones que a patrones. No creo que el estilo consista en una acumulación de amaneramientos o de retorcimientos ni en una escritura en escorzo, sino más bien en una modulación que propicie un espejismo de oralidad y de transparencia, por artificioso que sea el punto de partida del procedimiento.

–¿A qué autores contemporáneos admira?

A todos los que puedo.

–Acumular tantos premios como usted, ¿es un aliciente o da (o le dio en su momento) cierto miedo? A estas alturas de su carrera, ¿le condicionan?

Los premios no son medallas, sino heridas de guerra. No creo que nadie, por muy vanaglorioso que sea, se levante o se acueste pensando en los premios que ha ganado. En esto, lo mejor es recibir los premios con la misma insensibilidad con que los recibe el caballo ganador del derby de Kentucky. Aparte de eso, en esta cuestión de los premios hay una cierta obscenidad de fondo que no sabría precisarle.

–¿Son diferentes los premios académicos a los de los lectores? ¿Cómo los valora?

No sé, la verdad. He pensado muy poco en ese asunto. Siempre te alegras cuando alguien te dice que le ha gustado un libro tuyo, eso sí.

–¿Es maniático a la hora de escribir o lo hace donde o como puede?

Me cuesta mucho escribir en cualquier sitio que no sea mi mesa de trabajo. Mi “genius loci” no se mueve de ahí. No es itinerante, y sin él me temo que no soy nada.

–El aplauso y los halagos por su “El azar y viceversa” se cuentan por miles. Y no es para menos. Su intención era acercarse al género de la picaresca y lo ha conseguido con creces. ¿Es un contenido que nunca pasa de moda?

Digamos que es un territorio narrativo fértil, tal vez porque está muy adscrito a la esencia del vivir. El menesteroso no sólo tiene que ganarse la vida, sino también que inventarse una vida, porque nadie le regala nada. Aparte de eso, mi novela se acoge a la picaresca desde un ángulo filtrado también por varios siglos más. Con Dickens o Thackeray por medio, pongamos por caso.

–“El humor me sirve para escribir novelas muy tristes” dijo en una entrevista. Es un recurso que maneja de manera prodigiosa. ¿Es tan premeditado como parece o considera vital el humor para escribir y/o vivir?

Pues exactamente eso. ¿Contar una historia trágica desde un registro trágico? Complicado, ¿no? El humor no sólo sirve para hacer reír. También resulta indispensable para describir la condición humana desde el rigor del realismo. La solemnidad no sólo suele ser el disfraz del aburrimiento, sino también un falseamiento del tono verdadero de la vida. En esta novela procuré jugar con las emociones del lector. Llevarlo de la carcajada al escalofrío, con apenas transición entre una cosa y otra.

–¿Se considera poeta y escritor por este orden, o en el segundo término va incluido el primero (en su caso, claro)? A veces los conceptos se distinguen, otros se solapan, según quien hable de ello.

Bueno, los poemas se escriben, ¿no? Es como decir de alguien que es pintor y acuarelista. O que es médico y traumatólogo. Lo genérico se supone que incluye la especialidad.

–Que el escritor debe estar comprometido con su tiempo, ¿es un debate necesario o una tontería?

Creo que necesario. Hay que ser muy bobo, muy engreído o muy rico para vivir en una torre de marfil.

–Desde su anterior novela han pasado años. Pero no ha parado de trabajar en multitud de historias. Entiendo que se puede trabajar a la vez, de manera paralela o complementaria, en muchos géneros y terrenos. ¿Genera confusión esta mezcla a la hora de crear o es una dinámica, digamos, natural?

En mi caso es natural. Siempre ando barajando varios proyectos a la vez. Procuro que cada cual se desarrolle en la parte específica del cerebro que le corresponde.

–Está muy mal comparar pero tras la lectura de “El azar y viceversa” no puedo evitar hacerlo: pocos escriben y manejan las letras como usted, al menos en este país (en mi humilde opinión). ¿Cuál es el nivel que tenemos en España? ¿Hay más cantidad que calidad?

Muchas gracias por la suposición. ¿El nivel? Pues hay de todo, como no podría ser de otra manera. Lo insólito sería que todo el mundo fuese un genio de las letras o que todos escribiésemos mal. Pues eso: que hay de todo. Como en todas las épocas.

–¿La autopublicación, sobre todo en plataformas digitales, ha degradado –en líneas generales– los contenidos?

No estoy muy al tanto de ese asunto. Le digo lo mismo: de todo habrá. Hoy resulta muy barato autoeditarse un libro, y si alguien quiere darse ese capricho, me parece muy bien. El problema empieza cuando ese alguien empieza a querer escalar el monte Parnaso con su librito entre los dientes. Ahí suele haber un choque de trenes entre la realidad y la quimera.

–¿Hasta cuándo debe intentar un novato seguir llamando a la puerta de las editoriales, antes de decidirse por la autopublicación?

Los síntomas suelen ser muy claros. Cuando te dan con todas las puertas en la nariz, por ejemplo. Lo que no quiere decir que el libro en cuestión no valga, sino que la mecánica de la industria editorial es más compleja de lo que parece. A veces, la valía de un libro puede ser un inconveniente para que se publique y otras veces el hecho de que sea un mamarracho es un aval inmejorable para que se publique. Paradójicamente, las paradojas funcionan.

–¿Se lee tan poco como se dice?

Desde luego más que en otras épocas históricas. En esto de los índices de lectura conviene ser optimista, porque todo podría ser mucho peor de lo que es.

–¿Qué le gusta y cuánto lee Benítez Reyes?

Un poco de todo. Me gustan mucho las biografías, por ejemplo.

–¿Hay algún libro que se haya leído muchas veces o no suele repetir?

Releo. Poesía por supuesto. Y también algunas novelas o relatos con los que tuve la impresión de que no se agotaban en una sola lectura.

–¿Qué libro le gustaría haber escrito o cuál sueña con escribir?

Pues imagínese la de miles de libros ajenos que me hubiese gustado escribir… ¿El libro soñado? Ese que estás escribiendo, con la certeza de que finalmente no será el libro de tus sueños ni por asomo.

–¿Qué opinión le merecen las páginas y blogs literarios? Internet y las redes sociales han aumentado su número y variedad. ¿Es un fenómeno positivo para la literatura aunque su autor sea un simple lector o alguien que ame las letras?

Le digo lo que le decía antes: de todo habrá. La democratización de la crítica literaria me parece bien, como cualquier tipo de democratización, aunque sin duda genera un poco de desorden, porque lo mismo alguien considera que un libro es una obra maestra y en el blog de al lado alguien lo considera un bodrio… Pero eso pasa también, al fin y al cabo, en los suplementos literarios de los periódicos tradicionales. No sé. Bien, ya le digo.


«Advertencia» és, en la meua opinió, un dels millors poemes dels últims anys de poesia contemporània en llengua castellana:


Tercera entrada. Entrevista a Aurora Luque

Amb aquesta entrada coneixerem Aurora Luque (Almeria, 1962). L’entrevista la va realitzar Nicolás Pascual Vera per a la revista Campus Digital de la Universitat de Múrcia el 19 de febrer de 2005.
         Aurora Luque és poeta i professora de Filologia Clàssica a la Universitat de Màlaga. I és precisament el seu ‘amor’ per la ‘paraula’, les ‘idees’ i els ‘sentiments’ (filologia, al cap i a la fi)  dels grecs i dels romans allò que caracteritza la seua obra poètica. La sensualitat, el carpe diem o la saviesa de la moderació i de l’amistat són temes característics dels poemes grecoromans que podem trobar reviscolats als versos d’aquesta escriptora amb  una tècnica i un sentit del ritme i de la bellesa inqüestionables.
         L’any 1981 va ser guardonada amb el Premi Federico García Lorca. En 2008 va rebre el Premi de Poesia Generación del 27.

         D’altra banda, Aurora Luque és també una prestigiosa traductora d’alguns clàssics antics, com ara Safo o Catul, així com d’autores franceses com Louise Labé (1524-1566) o Renée Vivien (1877-1909).


-Desde hace tiempo la mujer ha irrumpido con fuerza en todos los ámbitos. También, desde luego, en la literatura.
-R: No es que haya irrumpido. La mujer ya estaba creando, escribiendo. Lo que ocurre es que se ha hecho visible –al menos en el caso de la poesía, que es el que más conozco- a partir de la década de los 80. Se ha producido una salida a la luz y hoy la sociedad lo considera algo natural, pero la escritura de mujeres ya existía.
Lo que ha ocurrido es que se ha dado una valoración de la escritura femenina. Mientras antes no pasaba de ser una subcultura, ahora hay una tendencia a verla con naturalidad, sin aspavientos, con verdadera igualdad.
Yo creo que a lo largo de la historia se ha producido una cierta incomodidad, una desconfianza ante la mujer intelectual. Y lo más curioso es que éste ha sido un discurso occidental, procedente de los países desarrollados, que venía a decir que si una mujer se dedica solo a pensar o a escribir sería porque estaba frustrada en otros campos o porque era fea, o tenía un grado de maldad… Todavía seguimos asociando a la mujer con antiguos roles. No está asumida con naturalidad esa incorporación.
-P: Sin embargo, se ha producido una eclosión de la literatura de mujeres.
-R: Pero esa narrativa de mujeres que se fomenta desde ciertos órganos de poder es a veces para formar nuevos guettos . No es nada inocente, obedece a intereses comerciales más que estrictamente literarios. No existe una apuesta clara por novelas difíciles escritas por mujeres, sino por obras facilonas.
-P: Como especialista en literatura griega ¿qué cree que nos pueden aportar, transcurridos 25 siglos, aquellos clásicos?
-R: Los clásicos tienen la cualidad de ser inagotables. Eso es una cualidad de toda la buena literatura. Si el libro se agota en una primera lectura, si no queda nada para una relectura, está condenado al olvido. Los clásicos siguen propiciando lectura.
-P: ¿Debemos entender entonces que entre los clásicos no hay modas que marquen las pautas?
-R: Sí, también entre los clásicos hay modas. Una época rescata unos clásicos y otra otros. En cada momento se realizan traducciones nuevas. Hay momentos en que interesan los pensamientos políticos de Platón; en otras los presocráticos sugieren teorías políticas muy importantes. Cada época rescata los clásicos que le son necesarios. Es como si nos encontrásemos en medio de un cementerio con muchas lápidas, y cada época se dedicase a rescatar un muerto concreto.
-P: ¿Transcurridos muchos siglos, hay mensajes vigentes hoy día implícitos en los textos clásicos? ¿Qué interesa hoy de ellos?
-R: En el caso concreto de la poesía lírica, sigue interesando mucho el grado de cotidianeidad, de inmediatez que tenía. Hacer una poesía que cuente las experiencias del puro presente, del aquí y ahora, o el del ‘Carpe diem’, ese ‘aprovecha el momento’, que había sido ya formulado por los griegos antes de que lo hicieran los romanos. Esos mensajes pueden ser subversivos incluso hoy.
Las enseñanzas de los poetas griegos y romanos es modernísima. Estamos más cerca de ellos que de los poetas medievales. Hoy nos resulta difícil sacar algún jugo a estos poetas, o a los del siglo XVIII, nos quedan muy lejos. Cuando, por ejemplo, Catulo dice ‘Odio y amo, me preguntarás por qué lo hago, no lo sé, siento que es así y me torturo’, sentimos se trata de sentimientos actuales.
Pero no todo lo podemos importar del pasado. A veces también interesan culturas actuales, aunque provengan de lugares remotos.
-P: Como especialista en el mundo clásico, ¿se le ocurren semejanzas entre personas y situaciones actuales y del mundo clásico?
-R: Por supuesto. A Bush le recomendaría que leyese a Tucídides. Las claves del imperialismo que exporta democracia ya estaban en la Atenas del siglo V antes de Cristo. Atenas era una democracia con ciudadanos libres que imponían la democracia a la fuerza en otras ciudades, y si no, machacaban a los opositores. La democracia puede ser excelente, pero si se pone a la fuerza es una contradicción. Y eso ya estaba descrito y formulado en el mundo clásico, y con mucha profundidad.
Leyendo a Tucídides nos damos cuenta de que estamos en las misma situación que hace muchos siglos. Resulta desolador. No hemos progresado nada, seguimos en lo mismo, pero a mayor escala: imponiendo democracia, obligando a votar por la fuerza de las armas… Eso debilitó a Atenas, que acabó por perder la hegemonía.
-P: Y avanzando 25 siglos en el tiempo, ¿qué intenta reflejar Aurora Luque en su poesía?
-R: Al escribir poesía no se parte de unos propósitos concretos y explícitos. Los poemas a veces nos llevan por unos caminos distintos a lo que se piensa previamente. No hablo de una inspiración a la manera clásica, pero un poema que tuviera una intención demasiado clara perdería esa ambigüedad que necesita para poder tener muchas lecturas.
En un sentido muy amplio, lo que intento, y lo que creo que intentan los demás poetas, es dar cuenta de mi época, de mi mundo, de lo que me rodea.
-P: ¿En qué sentido es distinto el lenguaje empleado por los poetas?
-R: La poesía se instala en el lugar donde no llega el lenguaje cotidiano, donde no llegan otros lenguajes más formalizados, en los huecos del lenguaje, en sus vacíos, en sus ambigüedades.
La poesía intenta proporcionar una visión del mundo con un lenguaje distinto, con un lenguaje consciente de su propia insatisfacción, de su límite. Ese deseo de las palabras por ir más allá de los usos cotidianos, estereotipados, es el mecanismo que utiliza la poesía.
La poesía se dirige a unas capacidades distintas de comprensión del lector, dirigida a la intuición, al disfrute estético de la palabra…
-P: ¿Quiénes son hoy los modelos, las referencias clave para los nuevos poetas?
-R: Son muy diversos. Desde hace algún tiempo existe un interés por poetas antes no leídos ni traducidos. Por ejemplo, de Europa del Este, o de culturas remotas. Yo creo que es saludable que se esté leyendo otra poesía que no sea solo la española. Ahora mismo hay muchas más referencias, el panorama es mucho más rico.
Yo creo que a los más jóvenes les interesan los poetas realistas, implicados en el mundo terrible que nos ha tocado vivir, con todas sus contradicciones y sus angustias. Estoy pensando en Roger Wolf y su realismo sucio. También está Jorge Richmann, ecologista militante y poeta muy comprometido, pero que no renuncia a escarbar en el lenguaje para saltarse lo estereotipado.
Me parece que, sin que haya un compromiso social excesivo, sin estar en una literatura abiertamente comprometida, lo que sí podemos decir es que no nos encontramos en un período de vanguardia frívola, estética, de mero placer de la palabra por la palabra. Hoy los jóvenes están interesados en una palabra comprometida.
-P: Y en ese mundo que acabas de definir ¿qué podría hacer la poesía, cuál debería ser su papel?
-R: Enseñar a encontrar las trampas de las palabras, que no te vendan un mundo maravilloso los políticos tramposos. Para enseñar a discernir, a no dejarse arrastrar por determinados discursos.
La literatura es una gimnasia para aprender todos los mecanismos del lenguaje. Pensamos con palabras y el poeta pone en sus textos las palabras a presión, las violenta, les hace decir más cosas: La persona que lee poesía está más entrenada para saber analizar y detectar manipulaciones interesadas del lenguaje. Yo creo que, en ese sentido cualquier poesía puede servir, enseña a hacerte dueño de tu propio idioma.
-P: ¿Es el lector de poesía distinto al del resto de los géneros literarios?
-R: Sí. Los poetas, aunque a veces no lo admitamos, somos, si no lectores, sí escuchadores de poesía. Quien oye una canción buena, con una buena letra, está ya disfrutando de un poema.
Hemos convertido la poesía en materia académica, un asunto que está en los libros más escondidos de las librerías. Pero la poesía nace para ser cantada. Las letras de las canciones que nos gustan la llevamos dentro, nos acompañan.
El mensaje de los primero poetas era acompañado de música. Aunque nos hayamos separado de ese modelo, pienso que sigue haciendo falta. Igual que podía necesitar un poeta de la antigüedad o del renacimiento ese canto, que podía actuar como un bálsamo, ahora ese impulso nos lleva a un libro de poemas. Hay épocas en las que podemos estar leyendo libros de un poeta de manera insistente, llevar sus libros a todas partes, y otras en las que no necesitamos la poesía. De ahí que los poetas no podamos escribir un libro cada seis meses. De la misma manera que un lector tampoco tiene por qué necesitar la poesía a todas horas.
-P: ¿En qué momentos necesitamos especialmente la poesía?
-R: Es algo absolutamente caprichoso. Depende de los momentos anímicos. En las situaciones límite se lee mucha poesía. En los momentos de máximo enamoramiento o de máximo sufrimiento. Esas experiencias nos acercan a lo que los poetas nos ofrecen: salirnos de la rutina y meternos en experiencias que no son las cotidianas, superar la corteza, llegar hasta el fondo de las cosas.
-P: ¿Cuál es a su juicio el momento de la poesía en España? ¿Existe una buena semilla que nos haga pensar que tendremos una cosecha importante en el futuro más próximo?
-R: Sí. Hay muchos poetas jóvenes. Hay libros hechos por jóvenes que sorprenden. En ese sentido no hay nada que temer.
-P: ¿Han aportado las nuevas tecnologías algo positivo al mundo de la lírica, o acabarán matándolo?
-R: Con internet ha ocurrido un hecho curioso, por sus canales circula la poesía con más flexibilidad que antes. La poesía siempre ha estado mal distribuida, las novedades más comerciales de narrativa se comen todo el espacio. En cambio, internet ha permitido que circulen poemas a los que antes era difícil acceder. Gracias a internet hoy es más fácil leer a poetas de otros ámbitos muy diferentes al nuestro. No tiene los límites de la distribución, que está movida por intereses comerciales, ni de la edición. A veces los editores son auténticos tiranos, y deciden de una manera muy injusta lo que se publica. Lo que se escribe hoy puede circular más libremente que nunca.
Internet es un poco libertario, es un sistema iconoclasta que permite pasar por encima de muchas jerarquías absurdas. Algo parecido ocurre con la música. Hay que entender que la sociedad ha cambiado, que se han creado cauces nuevos. De la misma manera que las cabinas telefónicas o los carretes de fotos han caducado, también han acabado ciertos formatos de edición de libros o de música. Ahora sobreviven las editoriales de libros bellos, de publicaciones artesanales, hermosas. Eso no corre peligro, nadie renunciará a ello.

«Carpe noctem» és un poema d’Aurora Luque que pertany al llibre titulat Poemas para la siesta de Epicuro (2008):

Carpe noctem, amor. Coge el brusco deseo

ciego como adivino,
los racimos del pubis y las constelaciones,
el romper y romper
de besos con dibujos de olas y espirales.
Miles de arterias fluyen
mecidas como algas. Carpe mare.
Seducción de la luz,
de los sexos abiertos como tersas actinias,
de la espuma en las ingles y las olas
y el vello en las orillas, salpicado de sed.

Desear es llevar

el destino del mar dentro del cuerpo.




Segona entrada. Entrevista a Luis García Montero


Obrim amb aquesta entrada una sèrie d’entrevistes personals recents a alguns dels noms propis més importants de la poesia contemporània en llengua castellana.
         Aquesta segona entrada del blog presenta un fragment d’una entrevista amb Luis García Montero (Granada, 1958), realitzada per la revista digital Le Miau Noir el 28 de febrer de 2018. A algunes preguntes generals sobre poesia, s’afegeixen qüestions sobre el seu últim poemari, A puerta cerrada (2017), publicat sis anys després de Un invierno propio (2011).

         La poesia de Luis García Montero es caracteritza per la seua voluntat de conversar amb els lectors amb un llenguatge senzill i matisat al mateix temps (però sempre intel·ligible) sobre temes com la poesia mateixa, el temps, l’amor o la política. Deixeble (i bon amic) de Rafael Alberti, Ángel González, Jaime Gil de Biedma, José Emilio Pacheco o Rubén Bonifaz Nuño (per esmentar dos poetes hispanoamericans), Luis García Montero és, per a molts crítics literaris i per a moltíssims lectors, el millor poeta de la seua generació i el millor representant de l’anomenada poesia de l’experiència.


¿Se arrepiente uno de haber escrito y publicado tan deprisa, como comentabas que se suele hacer de joven?
Cada época tiene su tiempo y cada día tiene también su sentimiento. Hay veces que me levanto un día y leo los poemas que escribía hace treinta años y no me reconozco en absoluto, pero no porque me gusten muy poco, incluso pienso “¡joé, qué bien escribía yo entonces, lástima, qué energía he perdido ahora!” (Risas)
O sea que a veces no me gusta nada y a veces me gustaría escribir así, como escribía antes, así que depende de los estados de ánimo. Pero yo creo que no hay que tener prisa para publicar y que uno debe publicar cuando ya considere que su libro merece la pena. Hay que ir lentamente y publicar lentamente, cuando uno está seguro de que eso es más o menos lo que quiere decir.
Y después, inevitablemente, van pasando los años y, de acuerdo a la edad, se va matizando el propio proyecto poético y te sientes más cerca de lo último que has escrito que de lo primero, aunque a veces, como te digo, uno se encuentra con un poema y dice ¡uy, entonces escribía mucho mejor que ahora!
¿Has tenido en estos seis años algún momento de crisis, de enfrentarte al cuaderno vacío y decir… “es que no sé qué decir, no tengo nada que contar”?
Bueno, la poesía tiene horarios que no son de oficina. La verdad es que, por lo menos, me siento con mi cuaderno a escribir cuando tengo algo que decir. Lo que nunca me he sentado es sin tener que decir nada, porque pueden pasar los días hasta que de pronto descubres una imagen, una emoción, una historia que te apetece convertir en poema, y entonces empiezas a trabajar en ella en la cabeza, y cuando la tienes más o menos perfilada es cuando te sientas a escribir.
Lo que sí es normal es que a veces no te salgan las cosas, o no estés de acuerdo, o dejes dormir el poema y lo recuperes tiempo después, o lo rechaces como un proyecto con el que no te has identificado. Por los cuadernos van quedando huellas que bien se utilizan después o se quedan ahí, en el olvido.
Pero sí hablas en A puerta cerrada de distintas crisis.
Sí, hay en este libro distintas perspectivas para abordar el tema de la crisis. Una de ellas es la propia poesía, pero depende de otras y muy diversas. Por una parte el paso del tiempo, yo voy a cumplir sesenta años, que ya es una edad donde uno empieza a sentirse viejo, a veces las rodillas me molestan, si cojo alguna copa de más por la noche, por la mañana no estoy en condiciones…bueno, uno tiene que cuidarse en el sentido de que el cuerpo empieza a fallar. Pero es que a parte del tiempo, también pasa la historia, que son dos cosas distintas.
Yo soy consciente de que el país en el que vivo ya no es el país en el que yo nací, que la educación sentimental de mis hijos ya no es mi educación sentimental, que hay muchos valores que yo consideraba fundamentales y que se han perdido, y otros valores que me parecían fatales y se han convertido en una cosa normal. Aparte de los cambios generacionales, la transformación generada por el mundo de las telecomunicaciones y el mundo digital han profundizado mucho los cambios, entonces, aparte del tiempo, pasa la historia.
Por una parte, uno siente que el mundo al que pertenece va desapareciendo y al mismo tiempo siente el peligro de convertirse en un viejo cascarrabias egoísta creyendo que los jóvenes no tienen derecho a tener su mundo: claro que tienen derecho. Uno no puede parar la historia. Y todo eso lleva un diálogo con uno mismo.
Después ha habido crisis relacionadas con el paso del tiempo y de la historia porque nuestra experiencia nos ha demostrado que vivimos en un proceso de degradación democrática muy fuerte. Se habla de posdemocracia y posverdad porque hay poderosísimos medios de control de las conciencias, de manipulación, de creación de indignaciones que son fácilmente toreables… y hay una situación de crisis económica tremenda, que es otro factor, y es muy posible que a la gente que está sufriendo la crisis se le cree una indignación que no acaban pagando las élites económicas que la provocan, sino la gente más desfavorecida, los emigrantes.
Y puede haber unas reacciones de racismo tan fuertes como las que hay en EEUU o Francia con Le Pen, en Alemania con el surgimiento del nazismo, o en Inglaterra con el Brexit… de pronto la indignación puede convertirse en un arma en favor de los poderosos. Todo eso se va conjuntando y desemboco en tu planteamiento inicial: cuando se juntan estas crisis, uno que es poeta y vive de las palabras, se plantea ¿sirven las palabras y el lenguaje de algo? ¿La relación desde la poesía con la realidad sirve de algo?
Pues bueno, para mí, una de las ventanas que ha abierto un poco de luz a mi puerta cerrada es la confianza en la poesía y las palabras, es uno de esos territorios en los que yo no quiero renunciar y en los que yo me apoyo para seguir negociando a puerta cerrada con mis crisis.
En el libro aparece la figura del lobo, ¿qué es lo que tú has puesto en esa imagen del lobo?
El lobo es una imagen ambivalente. Es el personaje que aparece en el libro para que proyecte mis momentos de indignación, mis momentos de cólera, mis momentos de impulsos, que tiene cualquier persona. Es ambivalente porque por una parte la indignación desmedida puede hacerte injusto y manipulable, pero al mismo tiempo esa manera de sentir tan radicalmente es también un símbolo de que uno sigue implicado con las cosas, no cae en el cinismo, que para mí es una de las enfermedades de la cultura neoliberal: todo da igual, nada importa.
Si uno se indigna es porque le siguen importando las cosas. Lo que hace falta es no caer en ataques de cólera, sino intentar mirar serenamente las razones de esa cólera. El título del libro se lo pedí prestado a Sartre, el filósofo existencialista, de una obra de teatro en la que los personajes descubren que están muertos y están en el infierno, y uno de ellos dice esa famosa frase de “el infierno son los otros”. Bueno, yo en seguida me acordé de una frase de Hobbes, el filósofo empirista inglés, “el hombre es un lobo para el hombre”, que es una formulación distinta, pero en relación con la otra.
Como se trata de poesía y de hacer ejercicios de conocimiento, en seguida hay que dar un paso más: el infierno son los otros, entonces yo soy el infierno, porque las cosas las interiorizamos. Y no se trata de dar sermones y creer que los demás son tontos e injustos y uno es inocente y listo, sino se trata de analizar qué hay en ese conflicto. Y el poeta lo analiza desde su propio interior y desde su propia relación con la realidad.

«Epitafio» és l’últim poema de A puerta cerrada (Madrid, Visor, 2017, p. 109):

Le han perdonado mucho
sus libros muchas veces.
Quizá también lo hagan
sus hijos, sus amores.
Y aquí sigue sin prisa,
ante ningún altar,
padre de mundos libres,
poeta y perdonado.



Primera entrada. Una meditació sobre algunes ferramentes digitals


Una bona activitat per a qualsevol professor actual consisteix a meditar sobre les ferramentes digitals que empra habitualment, sobre el temps que els dedica i sobre el temps des que les coneix.
            Aquestes són les meues, les d'un estudiant de Filologia Hispànica a la Universitat d' Alacant:

1. UA Cloud: déu minuts cada dia i la conec des que vaig començar el grau d’ Espanyol: Llengua i Literatura.
2. Adobe Acrobat Reader: mitja hora cada dia i la conec des que vaig començar la secundària.
3. Microsoft Word: una hora cada dia i la conec des que vaig començar la secundària.
4. Power Point: tres hores cada trimestre i la conec des que vaig començar la secundària.
5. Gmail: mitja hora cada dia i la conec des que vaig començar la secundària.
6. Viquipèdia: mitja cada dia i la conec des que vaig començar la secundària.
7. Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes: mitja hora cada setmana i la conec
des que vaig començar el grau d’ Espanyol: Llengua i Literatura.
8. Dialnet: mitja hora cada setmana i la conec des de fa dos anys.
9. Google Acadèmic: mitja hora cada setmana i la conec des de fa un any.
10. Twitter: mitja hora cada setmana i la conec des de fa dos anys.

Aquesta relació ens permet extraure algunes conclusions.
            Primerament, per què ningú no em va ensenyar a Secundària que existien ferramentes digitals de tanta utilitat per a una persona interessada en les llengües i en la literatura com ara la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes? Aquesta biblioteca virtual inclou tots els textos literaris de la tradició hispànica fins al segle XIX. A més a més, aquesta plataforma conté molta bibliografia sobre tots els autors i totes les èpoques, i constitueix una ferramenta meravellosa per als joves.
            Així mateix, és molt habitual que els estudiants de secundària només pugen accedir a la bibliografia exclusiva del llibre de text. Per què no els oferim també a la secundària la possibilitat d’ aprendre més i de manera gratuïta amb bibliografia especialitzada sobre els temes que més els interessen disponible en plataformes com la ja citada de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, o com Dialnet o Google Acadèmic? Per què jo només vaig conèixer aquestes pàgines web quan vaig arribar a la Universitat? Jo crec que els estudiants mereixen gaudir d’ aquestes possibilitats i llegir tot allò que els interesse. Una plataforma com la UA Cloud és normal que no la coneguen fins que arriben a la Universitat, però no pense el mateix de les altres, com ja he assenyalat.
            Les xarxes socials les empren actualment molts joves. No obstant això, crec que es pot afirmar que les empren més per a allunyar-se del món que per a comunicar-se. Per això, una xarxa social com Twitter ofereix  una finestra a l’actualitat i als debats polítics i filosòfics de cada moment. És veritat que aqueixa finestra no pot substituir una bona conversa o un bon llibre, i també és ben cert que Twitter permet vessar els més baixos instints sense haver reflexionat gaire. Però si hem d’ acceptar que n’ empraran de segur, de xarxes socials, millor serà que aquestes estiguen relacionades amb allò que els interesse i els vincule amb el món.